Un ordenador es, por definición, una máquina de "propósito general". ¿Qué significa exactamente "propósito general"? Pues que puede hacer prácticamente cualquier cosa que esté dentro de sus límites físicos siempre que se le haya programado convenientemente. A diferencia de cualquier otro electrodoméstico, pongamos como ejemplo una lavadora, que sólo sirve para lavar la ropa, un ordenador puede usarse para escribir un texto e imprimirlo o enviarlo por correo, diseñar casas, automóviles, pilotar un avión en condiciones razonablemente óptimas, predecir el tiempo, para ver vídeos, escuchar música, hablar por "teléfono", gobernar los mecanismos automáticos de grandes edificios, almacenar toda la información acerca de todos los datos de la Renta de un pais o, incluso, para almacenar y propagar, sin nuestro consentimiento, virus informáticos y un larguísimo etcétera que todos podemos imaginar. El ordenador está hoy en todos los rincones de nuestra vida.
Pero, ¿qué hacer con el semejante exceso de potencialidades en nuestra casa? ¿Se convertirá algún día en otro electrodoméstico más? ¿Será algún día lo suficientemente terminado como para usarlo casi exclusivamente con un mando a distancia o lo suficientemente fiable como para no tener que formatearlo cada mes?
Demos la trecha digital.
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